MADRID EN MARCO
 

JAN 18    "ALMA EN ESPERA" Y "VAIVéN DE ELEGíA", DE MERCHE MONROY


en Poesía



Extraídos del libro Temblor de versos de Merche Monroy de próximo lanzamiento en Espacio Niram de Madrid ofrecemos desde "Madrid en Marco" poemas de la autora para disfrute de nuestros lectores:
 
Alma en espera
 
Espero el hueco vacio
Donde reinventar mis párpados y cada hueso
Con preludios continuos
Que nacen y se extinguen.
 
Espero el aire colmado de espacios
Donde recrear cada color oportuno
Con trazos discontinuos
De tinta y despertares.
 
Espero como cualquier alma ensimismada
En las horas que busco y me encuentran.
 
Espero como el alma que no busca nada
Y se deja atravesar
Por la luz que me alumbra,
Por el calor que me alberga.
 
Espero como el alma abandonada
Que encuentra promesas,
O el alma interrumpida
Que pierde respuestas.
 
Espero como el alma siempre desconocida
Que se mantiene ajena y quieta.
 
Espero como el alma que se prolonga
Para enraizarse en el fondo de ti.
 
Espero como el alma que se quiebra
Y aprende, al fin, a vivir.
 
Vaivén de elegía
 
Llegaste al fin, insomne muerte,
En tu sorda zancada perdida.
Aprisa surcaste la azabache estela,
Cual lúgubre horizontal de clemencias mecida,
Que se turba y se recuesta
En un vaivén de elegía.
 
Crispante melodía despierta,
Ante tal llegada imponente.
Que me trenza en yerta espada
Para clavarme en ti, muerte.
 
Ansiando anudarme a tus pestañas
Por mi desorbitada furia, tensadas.
Hasta conseguir dejar sus entrañas
En el aire intransitable, ancladas.
 
Y calmar con gasa de brasas
Tu desvalida mirada,
Tus ya, imprecisos ojos.
Dejando tan sólo de ellos
Dos profundos y huecos despojos.
 
Y alcanzar a lamer, lasciva, tu sangre,
Mi incontenible lengua de sable.
(y con tal seductor gesto)
Sutilmente surcaré, profundo tu pecho.
 
Lograré tornarme caprichosa mina
Reventándome en tu boca.
Y entre tus cadavéricos cimientos,
Hambrienta carcoma loca.
 
Y cuando casi extinguida, pidas clemencia,
Me descubriré, para ti, de la crueldad,
Devota presencia
Escarbando en tus sangrientas heridas
Donde sembrare colmenas de serpientes homicidas.
Y recostada en tal tormento,
Allí, vieja amiga, cavaré tu lecho.
 
Tanta ira desgarrando mi consuelo,
Me levanta en torrentes de viento
Y huracanes de hielo.
Pues desde esta brutal travesía,
Sólo puedo quedarme donde he llegado
Deshabitada y perdida.
Y sólo me es posible seguir viviendo,
Ante ti
Y mis pedazos de odio luchando en su nombre.
 
Y repito su nombre “ Eduardo”
 Y descubro dentro, destellos de vida.
Rebusco en su memoria
Y tras ella, aun mas vida.
Jirones de pasión en su recuerdo,
Claridad inmensa.
Y vida, vida,
mucha vida.
 
Resbalando en mis ojos
Su lindo horizonte perpetuo
Y su inextinguible esencia,
Descubro que tan lejos, mi primo …
tan lejos no queda tu ausencia.

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